UNA INTERPRETACION SOBRE EL LIBERALISMO ECONOMICO DESDE LA PERSPECTIVA DE FRANCIS FUKUYAMA
UNA INTERPRETACION SOBRE EL LIBERALISMO ECONOMICO DESDE LA PERSPECTIVA DE FRANCIS FUKUYAMA
RAMIRO PINZON ASELA
UNA INTERPRETACION SOBRE EL LIBERALISMO ECONOMICO DESDE LA PERSPECTIVA DE FRANCIS FUKUYAMA
Por: RAMIRO PINZON ASELA*
1.1 SOBRE LA DEMOCRACIA LIBERAL Y EL LIBERALISMO ECONOMICO
Cada vez que a nuestro medio llega una obra como la del Estadounidense Francis Fukuyama, en el cual busca conservar el orden existente, empezamos a cuestionar la propuesta y las incidencias que pudieran tener entre nosotros, si profecías como esa, llegaran a ser posibles.
El autor afirma que existe un marcado consenso respecto a la legitimidad de la democracia liberal en todo el mundo, y que por lo tanto la democracia liberal podría constituir el punto final de la evolución ideológica de la humanidad, la forma final de gobierno y como tal marcará el fin de la historia. La mayor parte de la humanidad se hallará inscrita en la democracia liberal gracias a una historia universal direccional, orientada y coherente.
La democracia es aún la única aspiración coherente que cubre diversas regiones y culturas en todo el mundo, y no podemos imaginarnos un mundo que sea esencialmente distinto al actual y a la vez mejor, un mundo futuro que no sea en esencia democrático y capitalista y que pueda representar un mejoramiento fundamental del orden presente.[1]
En el actual momento histórico, donde las formas capitalistas de producción están considerándose por la desintegración del socialismo – a causa del problema burocrático – surge en el mundo un sistema unipolar en donde se ha vendido la idea de que la única organización política para garantizar el orden, la libertad y la felicidad es la democracia liberal como un sistema organizado en torno a normas institucionalizadas cuyo fin esencial es el mantenimiento del equilibrio mediante una permanente autorregulación. De esta manera Fukuyama intenta detener el tiempo histórico de cada contexto en el liberalismo económico y el político como la ilusión conservadora de mantener el status quo a toda costa.
Del concepto democracia liberal, Fukuyama deduce el concepto de liberalismo económico y el de liberalismo político. El primero se refiere al sistema de producción cuyos principios básicos son la propiedad privada y el mercado. El segundo designa una forma de gobierno en donde se reconocen un conjunto de derechos civiles, religiosos y políticos.[2]
Para el presente escrito me interesa detenerme en el liberalismo económico. Fukuyama se preocupa por demostrar desde una serie de hechos y principios teóricos, que acomoda la presunta consolidación efectiva del modo de producción capitalista y de la democracia liberal. La economía de mercado y la democracia liberal constituirían el fin de la historia en la medida en que no habrá otra forma de organización del sistema que pueda desafiarlos, porque definitivamente ese es el mejor y de ahí para allá no es posible que se presenten otras alternativas que puedan reemplazarlo.
Como bien lo dice Darío Botero Uribe, Fukuyama cree que no habría disparidades, discrepancias que no llegarían nunca a constituir verdaderas contradicciones que incitarán a los hombres a derrumbar la organización socio – política liberal con miras a constituir una institucionalidad diferente, fundamentalmente porque la sociedad liberal permitiría a los hombres desarrollar su personalidad, expresarse libremente, conquistar su bienestar, orientarse hacia un autogobierno de la sociedad.[3]
1.2 ECONOMIA LIBERAL Y LA GLOBALIZACION
Fukuyama se interesa por avalar que a partir de la economía de mercado se presentará la universalización de la democracia liberal. Sostiene que las sociedades con marcadas diferencias en lo cultural, lo social y lo político como Japón, Corea del Sur, Singapur, Estados Unidos, Europa Occidental, América Latina, Canadá y más recientemente China, Rusia, Europa Oriental, entre otros estados han establecido o establecerán economías de mercado y de libre iniciativa económica. La economía capitalista con su matices no tiene hoy competencia en ninguna parte del mundo.
En realidad el crecimiento de la democracia liberal, con su compañero el liberalismo económico; ha constituido el fenómeno macropolítico más notable de los últimos cuatrocientos años.[4]
En su afán por avalar su tesis el autor llega a sostener que los países en vías de desarrollo y subdesarrollados se verán obligados a acoger como única alternativa la economía liberal. Ningún país subdesarrollado del tercer mundo se encuentra en desventaja sólo porque empezó su proceso de crecimiento más tarde que EUROPA; ni las potencias industriales pueden bloquear el desarrollo de un recién llegado, si este adopta las normas del liberalismo económico.[5]
Así Fukuyama también hace evidente la subyugación a la que se verían sujetos los países tercermundistas en el caso de no adoptar las normas de la economía liberal, pues al salirse de ellas, el sistema lo bloqueará cruelmente y lo obligará a acoger dichas normas para que no se quede por fuera del mercado. Ese gran monstruo tendría toda la capacidad para controlar cualquier intento de desestabilización del mismo.
Fukuyama es un convencido de que el liberalismo constituirá una historia económica universal, y más que eso, lo está planteando como lo que constituirá el final de la modernidad; en este sentido para Fukuyama la modernidad se niega a morir, pues esta dominada por una razón abstracta y por una visión economicista que es imposible de modificar. De igual manera esta pretendiendo colocar al liberalismo económico como la dictadura de la economía sobre el mundo.
1.3 EL BURGUES Y LA CLASE MEDIA
Para Fukuyama son tres los argumentos que se pueden formular para relacionar los altos niveles de desarrollo económico con la democracia liberal. El primer argumento que utiliza es el de Talcott Parsons según el cual la democracia es el sistema más capaz de resolver, en una sociedad compleja, los conflictos con base al consenso, es acertado hasta cierto punto. El universalismo y formalismo que caracterizan el Estado de derecho en las democracias liberales proporciona un campo de juego adecuado en el cual se puede competir, formar coaliciones y, finalmente, llegar a compromisos. Pero no es necesariamente seguro que la democracia liberal sea el sistema mas apropiado, per se, para resolver los conflictos sociales.
El segundo de los argumentos se refiere al hecho de que la democracia surge prácticamente, como una derivación de la lucha por el poder entre élites no democráticas, de derechas o de izquierdas. La democracia se convierte, en cambio, en una especie de armisticio entre facciones en lucha y es vulnerable a cualquier cambio en el equilibrio entre los grupos que permita a uno de ellos volver a triunfar.
El tercer argumento, el de que el avance de la industrialización produce sociedades de clase media educadas, que naturalmente prefieren los derechos liberales y la participación democrática, es correcta sólo hasta cierto punto. Es razonablemente evidente que la educación, ya que no una precondición absolutamente necesaria, es por lo menos un accesorio deseable. Resulta difícil imaginar la democracia funcionando adecuadamente en una sociedad semianalfabeta cuyos componentes no pueden aprovechar la información sobre los puntos de vista entre los cuales escoger.[6]
Para Fukuyama el hombre que triunfará al final de la historia y logrará imponer su racionalidad economicista será sin duda el burgués.
El burgués constituirá la clase media a la que se refiere y será el prototipo ideal en la democracia liberal. Al respecto utiliza la perspectiva Hobbesiana y Lockeana como sustento de la idea, de burgués. Hobbes y Locke conciben el prototipo humano del burgués, aunque puede resultar exagerado atribuir a Hobbes y Locke el diseño de la sociedad liberal y la acuñación del tipo humano del burgués. Estos fueron formándose en el pensamiento y las formas de vida de toda una época, pero Hobbes y Locke, ciertamente, son los pensadores políticos más prominentes de ese periodo y quienes efectivamente sintetizan y, por supuesto aportan con sus talentos, elementos fundamentales para la concepción de la sociedad liberal y del hombre burgués. Sin duda Hobbes es el pensador que más descarnada y lúcidamente alumbra como proyecto económico, social y político; el burgués. Hobbes imprime en caracteres firmes, en relieve, el burgués, el hombre nuevo, el tipo de hombre que deberá encarnar la dominación social, económica y política en el mundo moderno, al tiempo que niega la validez de algunas facetas del hombre dominante hasta entonces, el noble. El hombre burgués es el hombre que calcula y el hombre que calcula es el hombre exacto que halla su medida en el quantum de sus bienes y en la potencialidad de poder que ellos posibilitan. Así, Hobbes perfila filosóficamente y económicamente al burgués; Locke troquela el burgués desde el punto de vista político: el burgués debe aprovechar la preponderancia económica que ha ganado para crear un régimen político a su medida.[7]
El burgués es un individuo que no se caracteriza por su imaginación ni por su saber sino por su laboriosidad y su capacidad organizativa, es decir es un tipo de hombre que se define por su comportamiento económico.[8] El burgués puede adoptar posiciones filosóficas, políticas, estéticas muy diferentes, siempre y cuando respeten el norte de su actividad: la economía. Este homo oeconómicus con frecuencia heterodoxo de cortas miras, receloso frente al arte, al pensamiento y a las empresas de imaginación. Es un realista nato. Desprecia el sentimiento y en general la vida pulsional. Ama el trabajo y las actividades especulativas. El burgués carece de eticidad. Su moral es oportunista, es más bien una estrategia política para que los desposeídos no disputen sus bienes. Así el homo políticus dejó de ser un individuo con identidad, creador de valores, orgulloso; para convertirse en un homo oeconomicus, el burgués, la imagen de la autocastración; un hombre que cambia su ambición de poder, de dominación por la adquisición indefinida de bienes. El burgués es un hombre sobrio, acumulador, un individuo para quien la economía no es instrumento o medio sino un fin. La acumulación es para él un infinito que persigue desesperadamente. La visión del burgués es la positividad, una visión acrítica, todo lo que produzca dinero es bueno, independientemente de que cree bienestar o malestar, que mejore o dañe la vida, que genere consecuencias éticas o inéticas.[9]
El burgués es un individuo que ha cumplido un papel fundamental en la historia: declaró a la economía como medida de todas las cosas, la desarrolló hasta el punto de hacerla superflua, en la medida en que la ciencia y la tecnología han resuelto o posibilitado la solución de los problemas de la escasez. El burgués es un tipo de hombre que se consumió en la utilidad. Es un hombre para quien el interés económico ha sintetizado todo el poder de su vida. Desarrolló el poder al máximo hasta destruir múltiples ciclos de vida de la naturaleza, hasta amenazar seriamente la existencia de la vida, porque carece de una concepción de la vida, desde la cual formular las preguntas para orientar el poder.[10]
1.4 ALGUNAS CRITICAS A LA DEMOCRACIA LIBERAL
En ese orden de ideas, pretender predicar que el fin de la historia lo constituya la democracia liberal, y su eje el liberalismo económico, sin tener en cuenta unas particulares formas de organización social en cada uno de los países del mundo con todas sus características propias, no deja de ser una propuesta simplista.
La historia se presenta según cada cultura, las cuales cada una fijará sus propias metas culturales, sociales, filosóficas, educativas, recreacionales, artísticas, etc, y sólo utilizan la economía como un instrumento más no como un fin. Es obvio que Fukuyama niega y pretende anular la interpretación compleja que de hecho abarcaría
un estudio serio sobre los diferentes contextos y las posibilidades que tendría cada uno de realizar su propia historia. Se evidencia claramente que en lo económico no se puede pretender hacer un estudio desde los indicadores económicos sin mirar, a su vez, el aspecto social, es decir, como satisface las necesidades sociales de las comunidades y si evidentemente mejora la calidad de vida de las mismas. Fukuyama se detiene a mirar el proceso en términos de quienes serían los mayores beneficiarios, pero no a quienes perjudicaría. De la misma manera, el perfil del hombre que estudia es el del burgués. No mide las repercusiones que en todos los ámbitos ha provocado una racionalidad económica – como la estudiada por él – y la crisis de valores que ha provocado el burgués.
El hombre de la decadencia moderna es un hombre que media en el economicismo, que acumula, que chilla en el horizonte de un nihilismo sin salida. El hombre moderno es ahora medroso, alucinado, consumista, pobre espiritualmente, sabe que la riqueza material de unos no alcanza a tapar la miseria de otros; es nihilista, irascible, violento, vive rodeado de objetos que le hacen mas muelle la vida pero carece de espíritu.[11]
Ahora bien la libertad y la democracia son objetivos que siempre ha perseguido el hombre y que cada vez que cree que los ha alcanzado se diluyen rápidamente.
La democracia no ha sido hasta ahora posible, porque ha estado en oposición al poder. La democracia sólo es posible en la perspectiva del desmoronamiento del poder es una antítesis del poder. Presumiblemente la democracia puede vislumbrarse más próxima que nunca en la perspectiva del saber – poder. Cuando el saber se presenta como heterónomo y dependiente totalmente del poder es una ficción; pero en tanto se posibilita el saber – poder, la democracia transita por una amplia avenida.[12]
La libertad implica la posibilidad de que la gente escoja las reglas del ordenamiento social, las practique sin cortapisas. Pero de libertad no puede hablarse sino dentro de un orden. Si no existe un orden mínimo no habrá libertad. La libertad presupone un orden complejo y rico, pero no impositivo ni en la adopción ni en la práctica. La libertad supone la escogencia de opciones y posibilidades que el individuo con su esfuerzo, su creatividad, con su acción sostenida en un sentido determinado logra generar o se posibilitan para él en el medio social. La libertad no pertenece al mundo fáctico, sino a la posibilidad ética.[13]
Siguiendo a Darío Botero en sus reflexiones, pienso que Fukuyama esta bien lejos en su estudio de pretender predecir la historia de todos los pueblos en su intento por universalizar una idea que sólo en una terrible pesadilla tendría posibilidades, pues la historia sólo la pueden hacer los hombres ubicados en su propio espacio. Las condiciones objetivas heredadas que han llegado a ser parte del mundo real pesan, no pueden ser desconocidas, pero jamás actúan en bloque para impedir a los hombres vivientes tomar decisiones fundamentales, con la cual se convierten en coautores solidarios con sus antepasados del proceso histórico.[14]
El Autor. Es Especializado en Filosofía Política UIS-UNIANTIOQUIA.
[1] FUKUYAMA, Francis. El Fin de la Historia y El Ultimo Hombre. Colombia. Editorial Planeta 1992. Pg.11 y s.s. FONTANA, Josep. La Historia después del fin de la Historia. Crítica Grijalbo Comercial. Barcelona. 1992, pg. 46 y s.s.
[2] SALAZAR, Freddy. El Liberalismo como destino. Universidad de Antioquia. 1996. Pg.5
[3] BOTERO URIBE, Darío. El Poder de la Filosofía y la Filosofía del poder. Universidad Nacional de Colombia. Santafé de Bogotá. 1996. Pg.136.
[4] FUKUYAMA, Francis. Op Cit. Pg.75 y s.s.
[5] Ibid. Pg.158
[6] Ibid. Pg. 176 y s.s.
[7] BOTERO, Darío. Op. Cit. Pg.173 y s.s.
[8] FUKUYAMA, Francis. Op. Cit. Pg.258.
[9] BOTERO, Darío. Op. Cit. Pg.170 y s.s.
[10] Ibid, Pg. 182
[11] Ibid, Pg. 185
[12] Ibid, Pg. 160
[13] Ibid, Pg. 163 y sig.
[14] Ibid, Pg. 164.